Mi nombre es María Mirna Pimentel Canizal,
laboro en el CBTIS 162 de Zitácuaro Michoacán, soy originaria de Cuautla
Morelos, llegué al plantel como resultado de un convenio con el CONACYT y el
Banco de México, los cuales en 1981 me otorgaron una beca para estudiar una
especialidad en Tecnología de Alimentos en la Universidad Politécnica de
Valencia España, en coordinación con el Instituto de Agroquímica y Tecnología
de Alimentos (IATA) de la misma ciudad.
Solo venía al CBTIS 162 por un año para
cumplir con el acuerdo establecido para el pago de mí beca, pero nunca me
imaginé que me enamoraría de mi labor docente, de tal suerte que a casi 34 años
de servicio, pudiendo ya estar jubilada, sigo frente a grupo con mucho
entusiasmo, cariño, responsabilidad y compromiso.
Para mí el ser maestra va mucho más allá de
impartir una clase, de compartir conocimientos, de estar dentro de un aula, es
un todo, en donde se conjunta la parte profesional y humana de quién tiene en
sus manos joyas valiosas que necesitan ser pulidas para poder brillar con todo
su esplendor. El ser maestro te va transformando en un guía, modelo, consejero,
psicólogo, doctor, amigo, autoridad, y muchas facetas más que se van dando en
el diario convivir con los alumnos.
El ser maestra es algo así como ser un padre
o una madre que cuidan al pequeño y le ayudan a crecer y desarrollarse, a
adquirir las herramientas que necesitará, de tal suerte que en algún momento de
la vida, ese pequeñín se ha convertido en un adulto y tendrá que volar con sus
propias alas, ver el mundo desde sus propia perspectiva, pero sin olvidar nunca
las bases que adquirió durante los años anteriores.
Ser maestro es una vocación, es un estilo de
vida, amas lo que haces, tienes fe y confianza de que cada semilla que siembras
en las mentes y los corazones de los estudiantes dará fruto en su tiempo. Es
una misión para muchos no loable, sin embargo, para su servidora el ser maestra
es la mejor oportunidad que DIOS me ha brindado para servir a mis semejantes.
Todo
lo que implica ser maestro te lleva a modelar, transformar a otros, no
obstante, dentro de lo mágico de todo esto, también eres transformada. El
convivir con los jóvenes te inyecta chispa, hace correr la adrenalina por todo
tu cuerpo, cada día vives diferentes experiencias, te enfrentas a retos que te
llevan a buscar alternativas de solución y mejoras en tu práctica docente.
Ser maestra es como subirte a un barco en
donde cada una de las personas que forman parte de la tripulación, tienen como
propósito llevar al navío a un puerto seguro, aunque para lograr lo anterior,
se tengan que surcar aguas turbulentas y profundas, vientos tempestuosos, que
se oponen para alcanzar la encomienda propuesta. Sin embargo, sin importar las circunstancias que
se tengan que sortear, el capitán y la tripulación no se darán por vencidos, ya
que al final la recompensa no tiene precio.
Ser
maestra es dejar huella en la vida de los alumnos, es ser motivo de
inspiración, de buen ejemplo y de congruencia, viviendo lo que pregonas. Es ser
alguien a quien le pagan por realizar la labor que ama, que le enorgullece y le
llena de satisfacción.
Ser maestra es un arte, en donde los lienzos
son los estudiantes y los pinceles, las pinturas, los marcos, las paletas, los
cinceles, los martillos, etc., son las estrategias (técnicas de enseñanza
aprendizaje, los instrumentos de evaluación, materiales didácticos, los
enfoques, las vertientes, la comunicación, etc.) de las que se vale el pintor,
el escultor (maestra) para realizar la obra, cuidando cada detalle, las formas,
las dimensiones, los colores, de tal forma que cuando se encuentre terminada,
transmita vida, pasión, energía, alegría, se sienta viva, que hable por sí
sola.
Ser maestra para mí es parte de mi vida,
puedo estar involucrada en otras áreas que no competen a la educación,
desempeñarme en otros rubros, pero nada me llena tanto como mi labor docente.
Pudiera sonar hasta aquí que el ser maestra es miel sobre hojuelas, más sin en
cambio, no es así. Por ejemplo, a lo largo de estos años como maestra he
experimentado un sinfín de satisfacciones y reconocimientos de parte de los
jóvenes que han sido mis alumnos y de sus padres; pero también he vivido
experiencias que inclusive han puesto en riesgo mi vida y la de los miembros de
mi familia.
No obstante estoy completamente convencida
que nada podrá hacer que yo retroceda y deje de amar lo que hago dentro y fuera
de las aulas como parte de mi labor docente. Y sé que si yo volviera a nacer y
tuviera que elegir entre todas las profesiones habidas y por haber o los
diferentes trabajos que se ofertan en el mercado laboral, yo sin duda elegiría de nueva cuenta el ser maestra.
Maestra de convicción, no de profesión, de
amor, de conquistas y oportunidades.
María Mirna Pimentel Canizal
